Uno de los elementos etnográficos más típicos del concejo de Caso son los cierres de las fincas. En Belerda estamos rodeados de fincas con ese tipo de cierres y en cualquier paseo desde nuestra casa rural podemos ver un montón vallas. Es muy interesante ver lo bien que se trabaja en Caso la madera, adaptando cada valla y cada portilla al lugar y a las necesidades específicas.

En zonas ganaderas, como es el Parque natural de Redes, cerrar las fincas es fundamental para que el ganado no se escape y para que no entren otros animales silvestres que pudieran aprovechar la hierba, como ciervos o corzos; además, en lo posible, conviene aislar la finca ante la entrada de jabalíes, por los destrozos que puedan ocasionar al buscar tubérculos y lombrices.

En Caso, los cierres tradicionales de las fincas están hechos con la madera de los árboles más abundantes en la zona donde se localice la finca. Así, en las zonas bajas los cierres están hechos con madera de castaño, mientras que las zonas a mayor altitud se suele utilizar la madera de haya. Las características fundamentales de un cierre son por un lado la firmeza, es decir que sean capaces de resistir la embestida de una vaca o de una yegua, que fácilmente pesan más de 500 kg. Por otro lado, es fundamental la durabilidad del cierre, dado el gran trabajo que supone construirlo.

Básicamente, los cierres casinos están formados por postes de madera (pegollas, como aquí se conocen) hincados verticalmente en la tierra y por largas piezas de madera (llatas) colocadas horizontalmente paralelas entre sí y clavadas a las pegollas; esto, que parece tan fácil, requiere de numerosos trabajos. Por un lado, conseguir la madera, para lo que hay que cortar los árboles apropiados, acercarlos hasta la finca y darles la forma adecuada. Actualmente estos trabajos se realizan con motosierra, pero antiguamente se realizaban con hacha, azuela y tronzón (sierra para dos personas).

Para los postes verticales o pegollas se necesitan troncos de al menos 25 cm de diámetro y 1,8 m de longitud que, una vez cortados, se recortan longitudinalmente por las cuatro caras, para eliminar la corteza y la parte viva. Con ello se consigue evitar podredumbres de la madera y alargar su vida útil, así como dejarlos con sección más o menos cuadrada.

Para las llatas, se necesitan pies de árbol de al menos 5 m de longitud, para que cada una pueda ser fijada al menos a tres postes. Cada pie se secciona longitudinalmente para conseguir dos o tres llatas de no menos de 4-5 cm de grueso (depende de la sección del pie). Al igual que para los postes, a las llatas horizontales se les quita la corteza de los bordes del árbol (si salen más de dos, las centrales solo tiene corteza por el lado del grueso de la llata, y suele caerse sola al secar).

Ya con la madera preparada, hay que hacer los hoyos para los postes, profundizando unos 50 cm, lo que a veces es sumamente difícil si el terreno es rocoso. Es habitual que se integren los árboles de las lindes como postes, facilitando así el trabajo. Los postes se distancian entre sí menos de 2 m., para poder clavar las llatas al menos a tres postes. Las llatas se clavan dejando entre ellas no más de 30 cm. Dependiendo de la anchura de las llatas se ponen 3 ó 4, para alcanzar más o menos  1,2 m de altura mínima. Evidentemente para evitar la entrada de ciervos y corzos es necesaria más altura del vallado.

Todos los años los ganaderos tienen que realizar trabajos de mantenimiento  y reponer algún tramo en mal estado. Y por desgracia, ante el trabajo que supone realizar este tipo de cierres, cada vez es más frecuente el cierre con alambre de espino, con lo que este elemento etnográfico tan típico de Caso se irá perdiendo.

Lo que es difícil de entender es que no se contrate a vecinos que quieran realizar cierres en elementos oficiales (vallas de puentes, nuevos cierres de fincas relacionados con obras en carreteras, o en tramos de caminos etc.) en lugar de contratar empresas de fuera que hacen vallas que no son las tradicionales. En ellas emplean rollizos de madera de pino tratados y que tienen muy poca duración y se despegan completamente del trabajo tradicional de la madera que se hace en estos concejos. De hecho, no es raro ver caídos y en muy mal estado estos cierres de rollizos de pino, mientras que los cierres casinos tradicionales hechos hace mucho más tiempo se mantienen en perfecto estado de conservación además de ser mucho más guapos e integrados en el paisaje. Pero claro, a lo mejor es por no estar homologados…